viernes, 17 de abril de 2009

Liderazgo y las tentaciones: Padre Jorge

El Padre Jorge Amando Vázquez Rodriguez de la Parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe en Chichihualco, Guerrero ha escrito varios libros de quien estoy leyendo el mas reciente "Reconciliarse con la Vida" y me toco estar en una de sus conferencias sobre Liderazgo, en la cual nos explica ante la problemática actual ¿Como debe ser un verdadero líder?, ¿Como se ejerce el liderazgo en la familia?.



Liderazgo, una charla para papás de hoy

"...no es que no les guste la misa, no les gusta lo que ahí se dice, amor, compromiso, sacrificio..."

Además de los libros, el Padre Jorge publica unas hojitas informativas llamadas SERVIAM (Serviremos) que contienen lecturas breves, Apuntes para el desarrollo humano, de las cuales me permito transcribir la de las tentaciones porque espero ligarlo con mi propio testimonio el cual publicaré posteriormente.

Las Tentaciones
(Del evangelio de San Lucas 4,1-13)

En primer lugar hay algo que debemos fijarnos en este relato sobre las tentaciones de Jesús y el sentido de la palabra tentar. La palabra tentar que aquí se usa es peirazein. En español la palabra TENTAR tiene un sentido uniforme y sistemáticamente malo.

Pero peirazein tiene un elemento completamente diferente de su significado. Quiere decir probar mucho más que tentar en nuestro sentido de la palabra.

Así que tenemos una verdad edificante, lo que llamamos tentación no nos viene para hacernos pecar sino para capacitarnos para conquistar el pecado; no para hacernos malos, sino buenos, no para debilitarnos sino para que surjamos de una prueba mas fuerte.

La tentación no es un castigo por ser humanos, sino la gloria de serlo, es la prueba que sobreviene a una persona que Dios quiere usar. Así que debemos pensar en todo ese incidente no tanto como tentación, sino como la prueba que Jesús tuvo.

Debemos fijarnos en el lugar que tuvo lugar esta prueba. Fue en el desierto, entre Jerusalén, en la meseta central que es la espina dorsal de Palestina y el Mar Muerto, se nos describe como un área de arena amarilla, que las colinas son como montones de polvo, la piedra caliza está erosionada, deslumbra y reluce con el calor como un horno inmenso. En ese desierto, podía estar más solo que en otro lugar de Palestina, Jesús se fue allí solo, había recibido su tarea, Dios le había hablado, tenía que pensar como iba a emprender, la obra de Dios le había confiado, tenía que ver las cosas claras antes de empezar.

Puede que a menudo erremos sencillamente porque nunca hacemos lo posible por estar solos, porque hay cosas que la persona tiene que resolver a solas con Dios, hay cosas que nunca nos pueden ayudar a ser resueltas por ese alejamiento que nos produce la lejanía de nuestro Dios.

Hay algunas consideraciones que debemos hacernos, es una de las realidades de la vida, el que después de cada gran momento, viene un momento de reacción -y una y otra vez es la reacción donde se oculta el peligro.

Parece ser ley de vida precisamente después que nuestro poder de resistencia ha estado en su punto más alto, se achanta, se doblega hasta lo mas bajo. El tentador escogió el momento más sutil de forma cuidadosa y de forma astuta para tentar a Jesús.

Haremos bien en mantenernos especialmente en guardia después de que cada vez que la vida nos ha llevado a lo más alto, a las alturas, es porque la caída puede ser también mucho mayor.

No tenemos que considerar esto como una lucha que tuvo Jesús como una experiencia externa, es una lucha que tuvo lugar en su propio corazón, mente y alma. Es en nuestros pensamientos y deseos mas íntimos como viene a nosotros el tentador. Lanza su ataque en primer lugar en nuestra mente, es verdad que es tan real que parece que podemos ver al diablo. El poder del diablo estriba en el hecho de que supera nuestras defensas y nos ataca desde dentro, encuentra aliados y arma para confundirnos, nuestros pensamientos. No debemos creer que Jesús derroto de una sola vez al tentador y esto no volvió a atacarle ya nunca más.

Somos cada uno de nosotros también atacados, por medio de nuestros dones. La persona con grandes dones espirituales, los tendrá siempre al servicio del prójimo, no dando tiempo al que el tentador ocupe un lugar en su vida. No había nadie con Jesús en el desierto, por lo que fue Él quien lo tuvo que contar a sus discípulos.

El también quiere decírnos a cada uno, porque su experiencia es única y nos sirve de ejemplo. El recorre el velo de su propia vida, de sus luchas que tuvo, para ayudarnos con las nuestras.

1 comentario:

Noemi dijo...

muchísimas bendiciones amados hermanos, desde mi blog www.creeenjesusyserassalvo.blogspot.com